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Santiago Wanderers
Leyenda y pasión del puerto de Valparaíso
El Club y su historia pertenecen al patrimonio viviente de los porteños

Santiago Wanderers, uno de los equipos de fútbol más antiguos de América, no es una anécdota deportiva. Es una leyenda que sigue viva alimentando el fervor porteño por el deporte popular. 

La historia de nuestro equipo y la del Puerto han estado siempre unidas. En medio de todas las dificultades que atraviesa nuestro Puerto, es el momento de cerrar filas y de apoyar a nuestros muchachos. Porque es nuestra historia y fervor. Porque el fútbol nos da algo que la mayor de las veces la vida nos niega: después de una derrota, de una caída, siempre es posible levantarse, siempre hay otra justa que disputar. En eso consiste ser wanderino, en mojar siempre la camiseta y en tirar siempre, siempre, al arco contrario. 

Una de las medidas que atañen a la historia de Wanderers es su patrimonio cultural, deportivo y, desde luego, su Sede social, cuya casa es el norte de los sueños y grandezas deportivas de toda una ciudad puerto y de miles de emigrantes diseminados por los cinco continentes.

Por esto, y mucho más, que todo lo que se haga por rescatar el patrimonio histórico y material del Club se ajusta a lo memorial, al alma, vida y corazón de nuestro Valparaíso y Chile entero y radica en la casona de calle Independencia 2053. La casa de todos los wanderinos y porteños. 

Un poco de historia

Las condiciones objetivas de los siglos XIX y XX, en Chile, estaban condicionadas al desarrollo de las fuerzas productivas, por una parte, y la minería, por otra, lo que permitió un significativo rol en la idiosincrasia de nuestro pueblo. Y es en este sentido que la historia social del país se encontraba supeditada a las utilidades económicas del boom del salitre especialmente, lo que permitió un importante movimiento demográfico; o sea, un permanente desplazamiento de personas, las que viajan al norte y regresan después de una vasta experiencia laboral, mejorando las condiciones de vida de la población, por lo tanto un auge en el tiempo para el ocio, el que fue dedicado a la prácticas de algunas actividades sociales y deportivas.

Y es así como a través de los puertos (marítimos) comienza una fuerte y casi masiva entrada de emigrantes provenientes de Europa, especialmente. 

Este pasaje de nuestra historia nos demuestra como en un lapso, más o menos corto de tiempo, son miles los extranjeros que se internan en el país, para comenzar una nueva vida. Estos emigrantes no son todos marineros ni comerciantes, también llegan hasta este puerto, Valparaíso, obreros portuarios provenientes de Liverpool y otras ciudades inglesas, también vienen obreros industriales y campesinos de España, Francia y países eslavos.

Naturalmente que estas olas de emigrantes permiten una innovación en las costumbres criollas. No solamente los nuevos negocios, abiertos por emprendedoras manos extranjeras, se convierten en la novedad para los porteños de la época. También un nuevo modus vivendi se adueña de las viejas costumbres locales.


Fotografía en la que aparecen dirigentes y jugadores, 1914

Los ingleses, por ejemplo, no solamente eran habituales al té del las Five o´clock, sino que también eran, la mayoría de ellos, deportistas, y entre estos deportes practicados, había uno que despertó la curiosidad de los trabajadores del puerto, y más tarde en otros grupos sociales. Los chilenos hacían corrillo a la orilla de las incipientes canchas para ver como los gringos corrían tras un balón de cuero y luchaban por introducir esta en unos arcos de madera.

Poco a poco los asombrados espectadores se fueron integrando a esta verdadera fiesta deportiva llamada Football (balompié) y, de este modo, fueron naciendo las primeras pichangas entre criollos y gringos. 

Los primeros equipos, naturalmente, fueron creados por extranjeros, pero rápidamente fueron los propios chilenos quienes fundaron las primeras entidades del fútbol nacional. Y así nacieron los clubes La Cruz y Valparaíso Wanderers. El primero años después se transformó en Everton y luego emigró a Viña del Mar, permaneciendo allí hasta ahora y el segundo se perdió entre los vericuetos de las bajadas de los cerros porteños.


Primeras experiencias

Un grupo de amigos, todos futbolistas, fundan el año 1892, precisamente un 15 de agosto, el club Santiago Wanderers, y lo de Santiago en honor a la capital chilena.  Fue en la cancha “los Lúcumus” del cerro Carretas de este Puerto, en donde por primera vez un grupo de muchachos jugó un primer encuentro como equipo organizado. Del resultado no han quedado registros, pero sí que un día, justo en la fecha histórica, en plena Plaza Echaurren, se le ocurrió a alguien que el club debía tener un nombre inglés, y qué mejor que "Wanderers", que en esa lengua anglosajona, significa “vagabundo”.

Para hacer memoria y volviendo al tiempo pasado, Benito Cruz y Arturo Acuña, fueron unos de los que propusieron el nombre de Wanderers al Club. Y todo un día lunes.

La prueba de fuego para el recién creado Club fue en la cancha de “El Empedrado”, cercana al Muelle Prat. Para la ocasión se presentaron en la cancha 11 jóvenes vestidos con camisetas blancas y pantalones negros y en el pecho unas letras enormes: SW. Y en esta primera experiencia los “vagabundos” derrotaron al Club National, del cerro Artillería, por la cuenta mínima.

Más tarde y, precisamente, en 1907, el Club se inscribe en la liga de la National Fooball Association, y resulta campeón.

Cabe destacar que un año antes un voraz incendio destruye la secretaría del Club, en la que desaparece todo el archivo, por lo que la parte inicial de esta larga historia se ha perdido y lo que se salvó es el resultado de recuentos más orales que textuales.

Otro hecho histórico son los colores de la institución. Resulta que los primeros colores del Club, ya profesional, eran una camiseta blanca cruzada por una banda de color marrón (café) y pantalones azules. Y el encargado de vestir a la escuadra wanderina era el inglés James Clear, pero en un viaje de éste a Inglaterra envió, por equivocación o lo que sea, un juego de camisetas verdes y pantalones blancas, acompañando a este juego unas medias con franjas horizontales de colores verde y blanco. Vestimenta que ha utilizado nuestro equipo hasta el día de hoy, con algunas variantes, desde luego.

En el ir y venir, Wanderers participó durante varias competencias locales primero como amateur y luego como profesional. En su último status perteneció a la Asociación Profesional de Santiago, en dos ocasiones, y una a la Asociación Valparaíso, para terminar siendo un permanente animador, a partir del año 1944, de la creada Asociación de Fútbol Profesional de Santiago.

Un par de años antes, la directiva formó un equipo que realizó una importante gira por toda América, obteniendo importantes triunfos internacionales, pero lamentablemente esto no se cifró en ganancias económicas; todo lo contrario, hubo considerables pérdidas, lo que significó el regreso del Club al terruño y su normalización en el quehacer deportivo nacional.


Las dos primeras estrellas

Las actividades del Club porteño fueron en un permanente ascenso, y así fue como el arribo del argentino José “gallego” Pérez (1956) al Puerto permitió que los “caturros” pusieran en práctica un nuevo modelo de fútbol, más directo y agresivo, lo que permitió el año 1958 obtener el primer título de los tiempos modernos.

Jugadores de la talla de Juan Félix Martínez, Aldo Valentini, Raúl Sánchez, Jaime Salinas, Jesús Picó, Armando Tobar, Carlos Reinoso, Carlos Hoffman y otros tantos, quedaron grabados a fuego en el historial del Club más antiguo y popular de Chile.

Luego de este estrepitoso triunfo “gallego” Pérez abandona la banca de los Verdes para dirigir a O´Higgins de Rancagua. Pero ya en 1966 es convocado nuevamente a dirigir al equipo que más tarde daría mucho de que hablar en lo futbolístico, y así fue como el año 1968 (después de diez años), el estratega permite nuevamente que el equipo del Puerto obtenga una nueva estrella.

Cientos de miles de fanáticos a lo largo y ancho del país, saludan al equipo de Santiago Wanderers y entonan cánticos en su nombre.

El mítico equipo de los “Panzer” (1968),

No vamos a hacer una extensa reseña contando toda la hazaña, más bien contaremos que esta vez el equipo se ganó el bien merecido apodo de Los Panzer, en comparación a los carros de combate alemanes durante la pasada guerra mundial, en que estos carros, de color verde oliva y acorazados, atravesaron toda Europa y el norte de África arrollando todo a su paso. El color de las camisetas y el fornido físico de los componentes jugadores hicieron posible esta comparación. Algunos jugadores ilustres de aquel entonces fueron Juan Olivares, Manuel canelo, ......


Historias de otro costal

No todo ha sido colorido para nuestro Club, ya que este ha sabido, con dignidad, afrontar momentos de amargura y estos han sido las derrotas deportivas y sus consecuencias. También crisis económicas han permitido hacer tambalear a la entidad insignia de Valparaíso.

En repetidas ocasiones hemos tenido que presenciar a los nuestros en la Segunda División del Fútbol Profesional. Pero así y todo hemos sabido repuntar y salir a flote regresando al fútbol de honor

La tercera estrella y último relato

Como la "noche verde" fue bautizada la presentación de los jugadores el año 2001. Inesperado fue el triunfo 4-1 ante Colo Colo, que dejó atónitos a los hinchas caturros. Desde ese momento se desliza la idea de que el equipo estaba preparado para algo más grande. Refrenda esa posición el triunfo en la primera fecha del torneo, cinco a cero a O’Higgins de Rancagua, ya que esto gatilla que la barra brava de los verdes cante sin temor "Wanderers campeón" ante el escepticismo del resto de la hinchada.

Universidad Católica debió ser derrotada en San Carlos de Apoquindo, de no ser por un error del juez que anuló un gol a Joel Soto. Ese empate a dos demuestra que Wanderers aspiraba más alto. Quería tocar el cielo. 

Al evento siguiente, asistieron al estadio Playa Ancha 20 mil caturros, que repletaron el estadio, en la memoria y retina de sus ojos aún se puede ver ese glorioso 2-0 ante Puerto Montt. 

El autoestima de los verdes iba creciendo, tanto así que en el sur contra Huachipato dan vuelta un partido que perdían por 3-2, dejando el marcador 4-3. Con este resultado aseguran el primer lugar en la tabla de posiciones, privilegio que no tenían desde 1976. 

Wanderers, daba dos pasos adelante y uno atrás, por qué, a pesar de mantener el nivel de juego costaba concretar, los delanteros Emiliano Román y Silvio Fernández despreciaban oportunidades de gol que finalmente hacían perder partidos. 

En la fecha dieciséis los dirigentes del equipo verde llevan adelante una idea que inyecta mística en los jugadores. Cambian la tradicional camiseta verde por una blanca con rayas verdes, continuando un modelo utilizado por el equipo de los Panzer, campeón en 1968. Con esta mística y el talento colectivo de los caturros dirigidos por Jorge Garcés, se apabulló al puntero Universidad de Chile, golpeando 4-1, y elevando las ilusiones de los hinchas que aplaudían emocionados a los verdes que aún corrían con la adrenalina al 100% después del triunfo. 

La semana siguiente llevó a Wanderers a jugar en la Cisterna, esperando aprovechar la caída de la Universidad de Chile, para tomarse la punta del torneo. A pesar de la mala suerte, pues nunca había obtenido un triunfo en dicho estadio. Wanderers finalmente rompe el círculo, con un triunfo de 2-1. 

Luego vendría el pesimismo de la barra caturra frente a su rival Unión San Felipe - invicto en 30 fechas- pero, la habilidad del equipo porteño finalmente se impuso por la cifra de 2 tantos a 1 ante el equipo del Valle de Aconcagua. 

Wanderers va dejando derrotados a su paso a diferentes equipos; Unión Española en Sausalito, dos goleadas por 5-1 ante Concepción en Valparaíso y Santiago Morning en la capital, colocando la efervescencia para enfrentarse a su penúltimo rival... Colo Colo en Sausalito. 

Tras un partido disputado minuto a minuto, intenso y complejo; Wanderers se adueña del balón y se impone frente al equipo albo 1-0. De este modo el sueño ya casi era una realidad, solo faltaba una semana para aquel desenlace.

El 9 de diciembre del 2001 se cumple lo que parecía una utopía. Con el triunfo de Wanderers sobre Audax Italiano por 4-2, tres generaciones cumplían su sueño. Ver al equipo dar la vuelta olímpica, mientras tanto el pueblo de Valparaíso esperaba con festejos, gritos, llantos y mucha alegría al equipo porteño y su técnico Jorge Garcés.

Copa Libertadores 2002 


La campaña de la Libertadores del 2002, realizada por Dabrowsky, no fue la esperada. En Argentina los verdes empatan con Boca Juniors 0-0, en casa ante Montevideo 1-1, en Sausalito vence 1-0 a Boca Juniors y finalmente pierde de visita ante Montevideo por 3-1, quedando automáticamente eliminado del torneo continental. 









La historia de Wanderers, es la historia del equipo militante, que ante viento y marea, los caturros con pocos recursos, tesón, esfuerzo, sacrificios, nobleza y honestidad, son las características que representan de mejor manera y fielmente lo que hace a la institución como tal y junto a ella Valparaíso.

La Cultura de ser Wanderino

"Muchas veces nos dijeron que no teníamos los recursos necesarios, pero poseemos algo más importante: el amor por Wanderers"… Frases como estas son las que incentivaron a los integrantes del Movimiento de Restauración Verde (MRV), para lograr las gestiones pertinentes para que el club sea un patrimonio intangible de la comunidad porteña.

Todo empezó un viernes 14 a las 19:00 horas en el Salón Esmeralda de la Intendencia Regional, donde los diputados Rodrigo González y Joaquín Godoy, junto al alcalde Aldo Cornejo y Paulina Kaplan (jefa de la oficina de Gestión Patrimonial), entre otros, firmarían un acta de compromiso, con la finalidad de transformar al decano del fútbol chileno en “patrimonio intangible” de Valparaíso.

"Para Valparaíso sería súper importante que Santiago Wanderers retomara este lazo con la ciudad, ya que es un patrimonio del Puerto… quien habla de Wanderers de inmediato liga a la institución con Valparaíso, ya que el club forma parte del alma de los ciudadanos” dijo Paulina Kaplan.

El mejor defensor en la historia del fútbol mundial y símbolo de Santiago Wanderers, Elías Ricardo Figueroa Brander, apenas se enteró de la noticia expresó: “Creo que Wanderers siempre ha sido patrimonio de Valparaíso, estamos hablando de más de cien años de existencia. Es un club con seguidores en todo el mundo y creo que es un orgullo no sólo para la ciudad sino que para todo el país”. 

¡Hasta que el día llegó! 

El jueves 11 de enero del 2007 sería un día memorable para toda la comunidad caturra. En el Museo Lord Cochrane de Valparaíso, el alcalde Aldo Cornejo González, declararía a Santiago Wanderers como "Patrimonio Inmaterial".

A la ceremonia asistieron autoridades como Harol Mayne – Nicholls, Aldo Cornejo, integrantes del MRV y toda la familia caturra. Toda esta historia hace que se enriquezca mucho más la tradición wanderina y que se forjen lazos mucho más fuertes.

Pero la verdadera historia comienza mucho antes…


El hogar del campeón


Santiago Wanderers tuvo que dejar su pasado en la calle Lira y poco a poco, intentó impregnar de nueva historia su desconocido hogar que se alberga en la calle Independencia, número 2061. 

El hogar que actualmente es sede del decano fue construido en 1924 por el ingeniero-arquitecto Otto Anwandter, porteño con orígenes alemanes. Andwandter levantó un sin fin de edificios que son tradicionales del puerto principal, tales como el edificio del Banco Chile, la Compañía de Tabacos Fernando Rioja, entre otros.

El boliviano Alfredo Ballivián, que llegó a Valparaíso emigrando de su tierra natal, mandó a construir este imponente inmueble de tres pisos, ya que llegó al puerto principal acompañado por 80 personas. El edificio se destacaba por los materiales de gran calidad: las escalas de mármol, las maderas nobles, decorados en paredes y cielo, entre otros.

Las Teresianas y otros habitantes

En 1943 hasta 1970 estuvieron en la casona de calle independencia la Sociedad Laica, mejor conocidas como las Teresianas, un grupo que tenia como finalidad reunir señoritas dedicadas a cumplir labor apostólica. Caracterizadas por ser muy estrictas, las Teresianas no dejaban pasar ni un detalle, por ejemplo: el padre Gonzalo Arévalo era el capellán, este debía estar todos los días a las siete de la mañana para oficializar la misa, un día el capellán llego cinco minutos tarde. 

Las Teresianas no aceptaron su atraso y lo cual le valió su inmediata substitución, cosas como estas hicieron que las Teresianas cerraran la casa y se concentraran en Santiago.

La casa sucumbia a otro cambio de dueño y este fue la Central Única de Trabajadores Provincial, que solo duraron hasta 1973. Luego se apropiaron de la construcción la Guarnición Militar, estuvieron hasta 1990. Luego pasó por varios dueños, destacan: la Defensa Civil, ISACRUZ (sociedad propietaria de cadena de cementerios).

Luego de todo este sin fin de cambios, la casona imponente de la calle independencia pasaría a ser del decano del fútbol chileno, del Club de Deportes Santiago Wanderers de Valparaíso.


Fuente: Archivo de la Corporación Santiago Wanderers.
Texto: Eliseo Morales Henriquez
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