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En Santa Inés, sector viñamarino cercano a la Avenida Alessandri, se ve un poste marcado con la “SW” y firmado por “Los Panzers”. Lo primero que pienso es si verdaderamente fueron “Los Panzer” los que rayaron ese poste. Lo segundo que pienso es si los que dibujaron la “SW” sabían que en este barrio vive uno de los símbolos más trascendentes de la historia de Santiago Wanderers. Me pregunto si ellos sabrán que en estas calles se crio un Arquero Caturro imbatible que se convirtió en mito y que llegó a defender el pórtico de la Selección Chilena hasta obtener su capitanía. No puedo dejar pensar si los que rayaron ese poste saben que en este barrio vive uno los 11 jugadores que hace 40 años trajeron al puerto la segunda estrella del Decano. Me pregunto si los que firmaron ese poste saben que dentro de una de las tantas casas que adornan estas calles viñamarinas vive un Panzer Original, un Panzer sin comillas y con mayúscula.
En una de esas casas vive Don Juan Olivares Marambio, arquero y campeón con el Mítico Equipo de Los Panzer, la formación de 1968 de Santiago Wanderers.
Don Juan Olivares podría ser fácilmente un hombre soberbio. Podría ufanar diciendo que fue él quien le dio la gineta de capitán de la Selección Chilena al mismísimo Elías Figueroa. Que jugó en el mítico partido de Chile frente a la URSS en Rusia del que no existe registro alguno. Puede decir que es una leyenda. Decir que él es parte importante de la historia del Fútbol Chileno. Puede decir que es uno de los pocos en este país que tiene la autoridad moral para hablar de fútbol. Y todo eso es cierto. Juan Olivares podría ser muy soberbio y no lo es. Don Juan es humilde, simple y sobrio. Tres palabras que definen muy bien su personalidad y carrera como arquero.
Aún tenemos el agradable recuerdo del Clásico Porteño 2009 entre Wanderers y Everton. Algo de lo que Don Juan sabe mucho. “Son partidos difíciles”, recuerda. “No se sabe lo que puede pasar. Nosotros ganamos la mayoría de los clásicos que jugamos”. Llegó a los 17 años a Santiago Wanderers, en la época que dirigía José “El Gallego” Pérez. Esperó cuatro meses para debutar frente a Ferro Badmington, en un partido que el Decano ganó.
Cuando se esperaba la nómina para el mundial del 62 su nombre salió a la luz, pero a través de los diarios dijo que no, que “era mucha responsabilidad”. Pero el destino lo tenía marcado, integró la Selección Nacional y jugó en los Mundiales de Inglaterra 66 y Alemania 74, y más tarde se convirtió en Capitán de la Roja.
Fue uno de los porteros que mejor sacaba de sobre pique y actualmente traspasa sus conocimientos trabajando como Preparador de Arqueros en Santiago Wanderers con buenos resultados: los cuatro arqueros del Plantel de Honor los formó él. Seguramente pocos los saben, pero el año pasado durante esa mala racha que llevó al Club a perder muchos puntos de local y a pensar en la posibilidad del descenso a Tercera División, el ánimo de Don Juan se desmoronó y calló enfermo. Pero hoy no, hoy se ve que en Santaigo Wanderers se están haciendo bien las cosas, hoy a Santiago Wanderers se le ve bien. Hoy Don Juan está bien.
“Yo nací en este barrio de Viña del Mar, pude haber jugado en Everton diría cualquiera”, pero me gustaba como Wanderers se entregaba en la cancha. Así sentía el fútbol yo. Cuando yo jugaba no quería perder, no quería que me metieran goles.
Wanderers por tradición es un equipo aguerrido, un equipo que no da una pelota por perdida, aunque vayan perdiendo tres cero nunca se entrega. Eso fue lo que me gustaba de Wanderers”.
¿Cómo fue trabajar con “El Gallego” Pérez?, una pieza fundamental en la historia de Wanderers.
Excelente, a él le bastaban 10 minutitos para darse cuenta de quién era la figura, cuál era la debilidad y cuál era el conductor, y empezaba a atacar por lo más débil. Era muy observador El Gallego.
¿Cuáles eran sus características como arquero?
Portero seguro, sobrio, ágil y hablador, eso último es fundamental para el trabajo del portero y la defensa: a veces hay un rival atrás del defensa, le tocan la pelota y después queda botado. ¿Como recuerda la participación de Chile en el mundial de Inglaterra 66?
Tuvimos mala suerte, nos tocó con Selecciones que estaban muy solventes en ese entonces: Italia, Rusia y Corea. Nos ganó Italia 2 a 0, y Rusia 2 a 1, empatamos a uno con los coreanos. Previo al debut frente a Italia, el arquero titular se fracturó el dedo y yo tuve justo un esguince. Entrené en una pieza alfombrada del Hotel, les dije al Cuerpo Médico que me vendaran bien apretado y jugué, pero sentí mucho dolor.
Luego vino Rusia. Luego de ese partido un periodista francés dijo: “Fui a Sunderland a ver a la Araña Negra, pero yo me quedo con el mapochino Juan Olivares”. Mire que lindo, eso hace a uno sentirse bien. Después fue al mundial de Alemania 74, ya más experimentado y con un Mundial encima...
Sí, ya tenía un nombre, jugaba con tranquilidad. Como en todo orden, si uno ha hecho las cosas bien no le va a ir mal. Son nervios normales los que usted siente, pero cuando está en la cancha se olvida de todo, y si está en la cancha y recibe las primeras pelotas, se agranda. Pero nunca sobrado para jugar, lo más simple posible, eso les inculco a mis arqueros, que sean simples. ¿Cual es el sentir que más le recuerda a la campaña de Wanderers en el 68?
La amistad que había en el equipo. Si usted fallaba yo lo iba a apoyar. “Tranquilo, tranquilo, no te pongas nervioso”, en vez de gritarle yo lo animaba para que no fuera a desmoronarse. Como él veía que yo me desplazaba para ir a buscar al jugador que se le había ido, usted después se acostumbró a venir a reforzarme a mí atrás, si me pasaban a mí estaba usted. Un equipazo, en todo aspecto, en puntualidad, en respeto, en la responsabilidad. ¿Era difícil ganarle al Wanderers del 68?
Con Los Panzers, el equipo que se llevaba un empate estaba feliz, porque acá los matábamos. No a patadas, los ahogábamos en toda la cancha, los presionábamos y ganábamos. No dábamos una pelota por perdida. Para los clásicos se llenaba de público. Pero eso se perdió. Ahora el fútbol está muy agresivo, adentro y fuera de la cancha hay jugadores que dan patadas sin asco y se sienten lindos, y la gente aplaude eso. ¿Recuerda alguna anécdota de ese tiempo?
Había dos jugadores argentinos, Mario Griguol y Vicente Cantatore. Nosotros íbamos a jugar pool para hacer la hora antes de ir al estadio. Entonces Mario y el Cantatore dijeron “oye por qué en vez de ir al pool vamos a la iglesia para que nos vaya bien”. Al comienzo no estábamos muy convencidos, después nos fuimos dando cuenta que también necesitábamos un cachito de suerte, y ese cachito de suerte nos ayudaba para que no fuera a pasarnos ninguna cosa grave y tener un actuación digna, buena. Después nos acostumbramos y ya era una norma ir.
¿Como eran esos partidos del 68?
Llegábamos al estadio y la gente que estaba para el lado de Alejo Barrio esperaba con un sol fuerte encima. Cantatore decía en la puerta principal: “Muchachos, a esa gente que está ahí no hay que defraudarla, tenemos que darle con todo eh”. Un calor abrazador. Estaba lleno a las dos de la tarde y el partido era a las tres y media, porque nosotros dábamos espectáculo. Por eso nos llamaron Los Panzers, porque cuando íbamos a trabar los otros quedaban enganchados a la mitad de la cancha, pero no éramos mal intencionados. Dicen que fue el mejor equipo de la historia de Santiago Wanderers, a lo mejor antes había mejores equipos, el fútbol era distinto años atrás.
¿Cuales fueron las características que llevaron a Los Panzer a ganar la Copa?
La tranquilidad, la seguridad con la que entrábamos a la cancha, la confianza de que íbamos a hacer un buen trabajo porque todos nos ayudábamos. Todos. Y nos salvábamos en buena forma. Ahora uno ve en la tele los medios garabatos, nosotros éramos todos respetuosos. Don José Pérez hizo una mística. Cuando teníamos que ir a un asado lo pasábamos como corresponde, y cuando llegaba la hora, se acabó. Al otro día con todo a darle. Era un equipo muy disciplinado, eso lo hizo José Pérez con la venia de los argentinos. Yo soy anti argentino, porque no me gustan los fanfarrones. Pero ellos nos guiaron de muy buena forma, nos enseñaron muchas cosas. ¿Recuerda algún partido en especial de esa campaña?
Esa campaña entera fue redonda para mí, nos hicieron muy pocos goles. No era un equipo que iba a buscar un resultado… ¡iba a ganar!, y ganábamos. Pregúntele a una persona mayor cuántas micros viajaban para ir a ver al equipo; a Santiago iban sobre 100. Era un equipo que gustaba, que daba espectáculo. ¿Cómo fue el último partido del Campeonato? El mito cuenta que fueron muchos caturros a Santiago a ver la última jornada de ese Campeonato del 68, que se definió a principios del 69. ¿Es cierto?
Nosotros contamos ciento cuarenta y tantas micros que llegaron al Estadio Nacional. Había mucha gente. Jugamos de preliminar. Íbamos ganando 2 a 0, soltamos un poco las marcas y nos empataron a dos. Luego volvimos a tomar el partido y pasamos arriba 3 a 2, y después nos empataron a tres. Que no vuelva a pasar esto de que en la hora nos empaten o nos ganen. En la campaña del 68 nunca sucedió, pero en el partido final pasó. Después gracias al empate de Palestino frente a la U salimos campeones. ¿Comparte esa visión que dice que Wanderers es sufrido?
Claro. Yo siempre les inculco a los jugadores jóvenes que deben tener esas ganas de vestir la camiseta verde, no darse nunca por vencido hasta el último momento, nunca por vencido. Nunca bajar los brazos. Esa mística. Porque Wanderers es eso, es de esfuerzo.
¿Como ve el equipo actual?
Fui a verlo contra Melipilla. Los primeros 25 minutos me gusto mucho el equipo, después se enredaron un poquito, pero vamos a estar mejor que el año pasado, no tengo la menor duda. ¿Qué cree que pasó el año pasado que no pudieron ascender? Wanderers era el candidato.
Se demoraron mucho en la pretemporada, en la contratación de jugadores y en entregar el Club. Se hizo un equipo sobre la marcha. Y ahí vino la debacle. Yo llegaba enfermo, lo que nunca me pasó jugando. Yo llegaba acá y me iba a la cama, salía muerto, cansado; todo porque perdíamos y teníamos posibilidades de irnos a Tercera División. Cuando venían a jugar los otros equipos parecían ellos los dueños de casa. ¡Cómo jugaban, libres, Wanderers los marcaba a distancia!, “qué está pasando, cómo no van a encontrar el rumbo”, me decía. Además no había un diálogo con Huerta. Llamarnos a nosotros, pedir nuestras opiniones, algo teníamos que decir, pero nunca hubo ese acercamiento. Se perdían muchos partidos en casa. ¿Le gusta el trabajo de Aravena?
Pero lógico, un trabajo serio y profundo. ¿Siente el cariño de los Wanderinos, se siente parte importante de la historia de Santiago Wanderers?
Soy uno de los pocos símbolos que va quedando, me siento bien cuando los directivos hablan bien de mí persona. Cuando me invitan a la inauguración de alguna escuela de fútbol. Me hace sentir bien, porque todavía para ellos soy importante y creo que yo he puesto lo mío. La historia dice que usted le dio la Capitanía de la Selección a Elías Figueroa ¿Cómo fue eso?
El 1977 en Montevideo. Lo hice por el debut que iba a tener él en ese Sudamericano, estaba preocupado. Yo era Capitán de la Selección y le dije “toma, tranquilo”. Era para darle confianza. Yo tuve la suerte de estar con un gran profesor que se llamó Jorge Dubost (que en paz descanse). Cuando yo llegué al fútbol él me dijo: ‘Por algo estás acá, por tus condiciones. Las mismas cosas lindas y buenas que hacías en tu barrio hazlas acá. Aquí te vas a encontrar con compañeros que te van a apoyar”. Eso no se me olvido nunca. Usted estuvo en el mítico partido frente a la URSS, en Rusia…
No nos querían dejar entrar a la Capital de Rusia, porque Caszely en el pasaporte salía con bigote y en la visa sin bigote. 7 grados bajo cero. Nos tuvieron más de tres horas en el aeropuerto. No nos podíamos sacar el frío. La comida era horrible. En ese partido nunca pasamos la mitad de la cancha. Se destacó Elías y Quintano, ellos que eran los más altos de nuestro equipo le llegaban a los hombros de los rusos que siempre peleaban las pelotas por arriba. Empatamos a cero, nosotros sabíamos que si empatábamos ese partido ellos no venían a Chile, y no vinieron. Y así nos clasificamos al Mundial de Alemania. Después gran fiesta gran, celebrando nuestra clasificación al Mundial de Alemania.
A usted nunca le hicieron una despedida del fútbol. ¿Le gustaría que Santiago Wanderers le hiciera una despedida como se merece?
Para mí no me gusta eso. Si Wanderers me hace una, en buena hora. Pero pedirla yo, no. Yo he visto jugadores que lo hacen por salir con más plata, pero yo no estoy en esa. Si Santiago Wanderers me quiere hacer algo a mí, bienvenido, pero yo no voy a pedir eso. Yo lo único que quiero es hacer un buen trabajo hasta los 70 años, y de ahí a descansar. En febrero cumplo 68 años, me quedan dos. Ahora me siento bien, me cuido, me alimento bien, trabajo, tengo una escuela de arqueros acá y ya tengo dos arqueros de mi escuela en Wanderers. ¿Cómo cree que debe jugar Wanderers?
Hay gente que no conoce al porteño, que no sabe cómo debe jugar Wanderers. Hablé con Jorge Aravena y le dije que Wanderers tiene que volver con esa mística y esas ganas, tratando de ganar el partido desde el minuto 1 al 90, peleando todos los balones, y eso es lo que él quiere. Y cuando se tiene un resultado favorable empezar a tocar. Porque atacar, atacar y atacar cansa. El campeonato de Primera B es duro, canchas malísimas, equipos que quien ganarle a uno a toda costa, arbitrajes horribles.
¿Qué característica del equipo de Los Panzer le traspasaría al equipo actual?
Yo le hice ver al técnico lo que era Wanderers en mi época, lo que quería la gente. En todos los sectores de la cancha ahogar a los rivales, no dar una pelota por perdida. Es lo que hace falta, para dar una alegría, ahora como está la situación en el país pagar la entrada es caro.
¿Cree que hay que traspasar al futbolista esa conciencia?
Sí, además que el Club se está portando muy bien con nosotros, nos está pagando al día, como nunca antes. ¿Cuáles son sus sueños para el Club?
Que sea un actor, un animador, que esté peleando la punta, que demuestre que Wanderers es eso. Si somos campeones, bienvenido, y si no, que dimos la lucha. Eso es lo que pretendo.
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