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Lunes 05 de Enero de 2015 7.148 lecturas

Un clásico con historia o la historia de un clásico

La historia de un gran triundo de Santiago Wanderers sobre Everton de Viña del Mar, en la pluma de Alfonso Gómez.

Aquel hincha de Wanderers, con una mano apretando la mano del amor de su vida, y con la otra aferrado de la mano del hijo de ambos, camina lentamente al encuentro del estadio donde juega el equipo caturro. El hincha, Sebastián, mira con nostalgia a su hijo Vicente, y piensa en dejarle un recuerdo como legado, para que aprenda a querer al Vagabundo. Llegando a su casa, mientras el amor de su vida, Macarena, hace dormir al niño, el hincha prende el computador, se concentra, y comienza a escribir.

“El año 2007 no fue de los mejores para el Vagabundo, si bien a principios de año, el 11 de enero, era nombrado Patrimonio Intangible de la Ciudad de Valparaíso, Santiago Wanderers terminaría ese año con debacle no tan solo en lo deportivo, sino también en lo institucional. Esa temporada el equipo termina descendiendo y la institución sumida en una profunda crisis con ribetes históricos y que cambiarían para siempre, los destinos del Decano del fútbol sudamericano.

Pero, a pesar de las vicisitudes que la vida se ha esmerado en entregarnos cada cierto tiempo, bastante seguido por lo demás, hay momentos memorables, momentos para dejar por siempre en el consiente colectivo y por supuesto, para enmarcar.

Llegamos al día 16 de septiembre, caluroso domingo en la República Independiente de Playa Ancha; el típico viento no solo flamea las banderas verdes, sino también las nacionales, en el parque Alejo Barrios... las ramadas ya están funcionando y preparadas para dar un hermoso y tremendo espectáculo… Casi igual al que el Decano, Santiago Wanderers de Valparaíso, le daría esa jornada al eterno rival, el rival del barrio, esos que nacieron en Valparaíso y terminaron por mudarse a Viña del Mar por la grandeza ya existente en la ciudad Puerto.

El reloj marca las 12:00 y Carlos Chandía daba el pitazo inicial al clásico porteño Nº131. El equipo de la SW” en el corazón, saltaba a la cancha con Francisco Prieto en portería; Cristian Gálvez, Pablo Fontanello, Richard Benítez y Mauricio Tampe en la zaga; Juan Silva, Miguel Catalán, Víctor Cancino y Javier Sebastián Robles en medio terreno de juego; para dejar en delantera a Daniel Fernández y José Luis Jiménez.

El transcurso del partido sería emocionante en todo momento. En el primer tiempo sólo hubo un equipo en cancha, el más grande, el Decano. A los 12 minutos abría la cuenta tras un tiro de esquina el juvenil Juan Silva. De ahí para adelante sólo apareció en juego un jugador del elenco rival, su arquero. Santiago Wanderers podría haber terminado con mayor diferencia de gol aquellos primeros 45 minutos de partido. Pero no fue así e inmediatamente comenzado el segundo tiempo, un error en la salida del Caturro, propició el empate del archirival. Con este resultado parcial llegarían los fantasmas y el dominio mostrado en la primera fracción no era tal ya en el complemento.

Pero habría una luz de esperanza, que sin saberlo ni pensarlo, llegaría cuando el cronómetro marcaba los 72 minutos de juego. Sustitución en Santiago Wanderers, abandona con el número 8, Daniel Fernández e ingresa con el 16, un pequeño y nobel Carlos Muñoz. En el párrafo anterior, destacamos los fantasmas que aparecieron, los cuales se acrecentaron en el minuto 81 de juego, penal para el visitante, expulsión para Francisco Prieto. Obligadamente abandona la cancha Cristian Gálvez e ingresa David Reyes para defender la portería de Wanderers. Se para frente a la pelota Cristian Uribe y a los 85 el travesaño se viste de héroe y le vuelve a dar un segundo aire a los Wanderinos.

Cuando el grueso de los 7.985 espectadores pensaba que se irían a sus casa con un vibrante empate a un gol y cuando el 4º juez levantaba el tablero para agregar tres minutos de adición, el visitante atacaba, Pablo Fontanello quitaba la pelota dentro del área de manera limpia, tocaba para salir, y detrás de la mitad de cancha, por el sector derecho, el entonces capitán del Decano, Víctor Cancino metía un pase en profundidad para que apareciera sin mayor marca Carlos Muñoz, que con una personalidad tremenda, demostrando que la “choreza” porteña no se compra en el quiosco, que se nace con ello en la sangre y demostrando toda la calidad que con el tiempo derrocharía por montón en pastos porteños, levantaba el balón por sobre Johnny Herrera, arquero del visitante a los 91 minutos de juego.

Algarabía total, y el joven Carlos Muñoz comenzaba a escribir esa leyenda que lo catalogaría con el tiempo en un verdadero verdugo para los viñamarinos, ya que cada vez que anotó jugando por Wanderers en el clásico porteño, el triunfo fue para los de Valparaíso.

Como tantas otras veces, nos contó esta historia, la misma que amarra como el hambre ocurrió la vieja costumbre… Esa vieja costumbre de ganarles en Septiembre”.

Al terminar el recuerdo que le dejara a su hijo Vicente como legado. Sebastián Bazán camina hacia la pieza donde duerme su hijo, lo mira con amor, le da un beso en la frente y piensa: 

-Te dejo estas líneas, para que las leas cuando seas grande y quieras tanto como yo a Santiago Wanderers, el Decano del Fútbol Chileno. 

Alfonso Gómez, historiador porteño, hincha caturro, fiel seguidor del Decano del Fútbol Chileno

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