Santiago Wanderers - Sitio Oficial

Jueves 05 de Mayo de 2011 3.292 lecturas

Entrevista a Sebastián Leiva

Un aspecto fundamental, y a la vez transversal en el desarrollo del proyecto deportivo de Santiago Wanderers, es el relacionado al ámbito de la psicología.

Un aspecto fundamental, y a la vez transversal en el desarrollo del proyecto deportivo de Santiago Wanderers, es el relacionado al ámbito de la psicología. Precisamente por eso, Sebastián Leiva -Jefe del Área Psicológica Caturra desde el año pasado- cuenta detalles acerca de su trabajo en el club, labor que no muchos conocen pero que se torna en algo de vital importancia para el crecimiento integral de todos los componentes del Decano del Fútbol Chileno.

- ¿Cómo se dio tu llegada al club?

Fue por medio de Humberto Zuccarelli. Él solicitó que yo formara parte del cuerpo técnico del primer equipo a inicios del 2010. Pero previamente conocía a la dirigencia del club por un convenio que llevamos a cabo con un centro médico en el que trabajaba, y que contemplaba una serie de servicios relacionados con las ciencias del deporte; ahí yo llevaba ese equipo adelante. 

Actualmente sigo en esa empresa pero con pocas horas, y además trabajo a nivel de docencia en universidades. Sin embargo, hoy día estoy prácticamente abocado al desarrollo del Área Psicológica en Wanderers. 

- A propósito de tu trabajo ahí, ¿desde cuándo comienza la relación entre Wanderers y el centro médico que mencionas, y en qué consistían los servicios prestados? 

Desde el 2009 que veníamos trabajando con el club, y era una empresa que prestaba servicios específicamente al fútbol joven, con asistentes sociales, kinesiólogos, nutricionistas, psicólogos y traumatólogos. Ese era el equipo. 

- Cuéntanos cómo luego se da esa incorporación definitiva a la institución.

En primera instancia conocí a la gerencia del club y, cuando necesitaron un psicólogo, me llamaron a mí. Humberto Zuccarelli fue el que planteó la necesidad, ya que quería ver la forma de optimizar ciertos procesos dentro del equipo por lo que necesitaba una asesoría. 

En realidad él no pidió un psicólogo, sino que quería abordar una situación específica y ahí le dijeron que conocían a uno para ver si le podía asesorar. Así se generó este vínculo que en ese minuto se relacionaba únicamente con el primer equipo. Eso fue el 2010, y a mediados de ese año se empezó con las series menores, en especial con el grupo de proyección.

-Pronto, entonces, comenzaste el trabajo también en las series jóvenes.

Claro. Con el fútbol joven también fue un poco a raíz de las necesidades. De hecho, siempre han existido necesidades a nivel específico ahí que se relacionan con las variables psicológicas en general, por eso es que necesitaban un psicólogo. 

Estando en el plantel, iniciamos un trabajo súper focalizado el año pasado. Fue un año de iniciar un proceso, particularmente con el grupo de proyección, que diría es el foco de mi trabajo en el fútbol joven. 

- ¿A qué te refieres cuando hablas de “grupo de proyección” y por quiénes está conformado?

El grupo de proyección, como le llamamos, abarca desde los 15 años hasta la sub 18. Es un grupo de jugadores que habitualmente alterna con el primer equipo, o están en vías de, y que el próximo año debieran ser parte de él.  El gran foco de trabajo es con jóvenes de 17 y 18 años. También hay unos de 15 y 16, pero el grueso del grupo con el que trabajo es de 17 y 18. Eso también plantea la necesidad de cómo trabajar en las edades previas, porque el impacto que uno puede lograr a esa altura es más limitado, no así a los 12 o 13 años. 

- En ese sentido, ¿cómo es el trabajo con los miembros más pequeños del fútbol joven del club?

Una de las fuentes de intervención -y que tiene muy buenos resultados, incluso mejores que la intervención directa de un psicólogo- es a través de los entrenadores. Entonces en ese grupo específico, 8 a 15 años, es el fuerte de esta intervención indirecta y donde está el trabajo de ellos. Por otro lado, la intervención directa la hago yo con el grupo de proyección y el plantel profesional.

- Para conocer un poco más acerca de la labor que se realiza con los más chicos, ¿en qué consiste específicamente la intervención indirecta?

La intervención indirecta consiste en optimizar las herramientas que tiene el entrenador, que es una figura bastante más atractiva que el psicólogo incluso. Los niños generan un nivel de relación muy alta con los entrenadores porque ellos son sus modelos, todos los estudios avalan eso, entonces los hacen mucho más apreciados que un psicólogo. Por eso más que buscar como psicólogo una relación -algo que requiere un tiempo significativo que ellos te validen como tal- es mejor hacerlo a través del entrenador, ya que es un camino más corto y más eficiente también. 

La idea de trabajar con los entrenadores es esa: que cuenten con herramientas para poder evaluar distintas situaciones respecto de variables que son importantes para el desarrollo de un equipo. 

Por ejemplo cómo trabaja el tema del liderazgo, cómo hace que los jugadores aprendan más rápido -lo que tiene que ver con estrategias de aprendizaje-, cómo maneja niveles de autocontrol y claves de comunicación más eficiente y positiva, cómo entiende que su equipo de jugadores es un grupo de personas que reaccionan todos de distinta forma, incluso frente a las mismas situaciones, pero que él es capaz de cohesionarlos en torno a una tarea específica (…).

- ¿Cuáles son los temas en particular en los que se instruyen a los entrenadores?

Las temáticas tienen que ver con un aspecto que desde el Área Psicológica creemos que son importantes que ellos consideren al minuto de llevar adelante su trabajo, pero también tiene que ver con las necesidades que van apareciendo en la contingencia. En ese sentido el abanico es amplio: desde violencia intrafamiliar, agresión, padres separados, sexualidad; en definitiva, tantos temas que en el fondo a ellos como entrenadores muchas veces llegan a preguntarles los propios papás o los mismos jugadores y no tienen a veces las herramientas para poder resolverlos. Ahora, si los casos van más allá, me piden la evaluación de esos muchachos a pesar de que no pertenezcan al grupo de proyección. Todas esas situaciones específicas igual las veo yo.

- Sin embargo, en su mayoría los casos de jugadores menores se logran resolver a través del entrenador…

Claro, de los 16 hacia abajo es muy poco lo que yo veo directamente. Más bien por medio de los entrenadores se tratan, y por ende es súper importante que ellos sean los que tengan las capacidades de contener emocionalmente a un niño, de lograr resolver conflictos dentro de un equipo, de manejar eficazmente los tiempos de desarrollo de un equipo, de estimular fuertemente el compromiso en los niños, de comunicarse de manera positiva… O sea, hay una gama de posibilidades y aspectos tan importantes a considerar que eso es lo que hago por medio de esta intervención indirecta. 

- ¿Lo anterior, aunque está más enfocado a ese grupo etario, también se trata con los integrantes del grupo de proyección y del primer equipo?

En un plano más orientado a la carrera profesional, es un entrenamiento más específico de rendimiento. Sin embargo, eso no quiere decir que a ese nivel no trabajemos también variables que tienen que ver con aspectos no relacionados con él, si yo soy psicólogo finalmente y el Área Psicológica lo que busca es no parecerse a los entrenadores, sino que nunca dejar de ser psicólogo. En ese sentido, también hay otras variables que inciden en el rendimiento, ya que el rendimiento deportivo es multi causal, o sea no depende únicamente del entrenamiento psicológico, sino que también del físico, técnico, táctico. Depende además de toda la red de contención que tenga ese jugador a nivel familiar, de su entrenamiento invisible (…). 

- Por lo observado, el Área Psicológica del club pretende cubrir todos los aspectos de la carrera de un futbolista…

Se trata fundamentalmente de mirar a la persona como un ser integral. Es que los problemas de la casa inciden en el rendimiento, las discusiones con la pareja también, y cualquier problema de otra índole que no tiene que ver con el rendimiento futbolístico puede incidir efectivamente en él, entonces se trata de abordar esas variables. Por sobre todo la idea es pensar al futbolista como una persona integral, ese es el norte del Área Psicológica: no pensar que un futbolista sólo es eso, sino que previamente es una persona. Para muchos, el futbolista es el que entra a rendir a la cancha, pero ese futbolista tiene emociones, sentimientos, ideas, creencias, tiene raigambre en una familia y no es ajeno a los problemas que puede tener cualquiera.

- Ahora bien, y por lo que cuentas, muchas veces se piensa al psicólogo únicamente como alguien que ayuda a solucionar problemas. En ese sentido, ¿el Área Psicológica de Santiago Wanderers está justamente para eso o va más allá?

Precisamente si hay algo que me interesa recalcar, es que el Área Psicológica no está creada ni pensada en Santiago Wanderers únicamente como una oficina de resolución de problemas; o sea, no es que los que tengan problemas vayan al psicólogo. Desde luego que hay aspectos que sí o sí tenemos que abordar desde el Área Psicológica porque somos los que estamos en condiciones de hacerlo, pero lo nuestro claramente tiene que ver con una concepción distinta de la persona: no tan sólo centrarse en los aspectos deficitarios, sino que potenciar también todas sus cualidades y habilidades.

REALIDAD NUEVA Y AÑO DE DESAFÍOS

- ¿Cómo se compone y funciona actualmente el Área Psicológica del club?

En este minuto trabajo solo, pero la idea es incorporar gente. El escenario ideal sería sumar profesionales, pero es complejo por un tema presupuestario y lo más viable sería contar con alumnos en práctica. El año pasado ya se llevaron a cabo gestiones para contar con algunos probablemente el segundo semestre de este año, que es el periodo donde muchas universidades tienen establecidas las prácticas, por lo menos con las que estamos vinculándonos. Así que posiblemente el Área Psicológica mantenga un staff de trabajo oscilante mayor durante el año: 2 o 3 estudiantes en práctica, más la cabeza que en este caso soy yo. 

- ¿Cuál es el panorama que se visualiza este 2011?

Este año la idea es integrar de manera formal el trabajo con los padres y los entrenadores, generando 3 redes de acción: los jugadores del grupo de proyección, los padres de los jugadores de todo el club y los entrenadores de todo el club, no solo del grupo de proyección. El año pasado fue sobre la marcha que lo fuimos desarrollando, en la medida que me iba percatando de las necesidades que existían, así que este año el objetivo es formalizar de manera más concreta qué área y qué aspectos específicos hay que trabajar. 

Además, este 2011 la idea es generar un impacto cada vez mayor en el club y para eso, como decía anteriormente, vamos a tratar de contar con alumnos en práctica de manera de incrementar las horas de trabajo con los más pequeños, porque si hay una etapa donde tú puedes lograr los mayores y mejores cambios es hasta los 14 o 15 años. Después de esa edad los márgenes se van reduciendo cada vez más -no quiere decir que no se pueda, porque yo trabajo con jugadores de 25-28 años y tienen cambios, manifiestan avances- pero si hay una etapa donde la ductilidad de los niños es mayor, y ellos son mucho más capaces de incorporar otras experiencias y de aprender más eficazmente, es en ese periodo: entre los 8-9 hasta los 14 o 15 años como máximo.

- ¿Qué pasa con los jugadores mayores, cómo se trabaja con ellos?

La identidad empieza a definirse de manera mucho más clara. Están en la adolescencia, entonces es un periodo donde ellos ya definen no tan sólo su sexualidad sino que su identidad general y, una vez que la identidad está más o menos estructurada, es bastante más complejo generar cambios, entonces por eso es importante focalizarse en ese grupo. Asimismo, el equipo profesional y los jugadores de 18 años tienen necesidades distintas, y en ese sentido el trabajo como entrenador psicológico en términos de entrenamiento de habilidades psicológicas -manejo de la activación y la ansiedad, control de los focos atencionales, autocontrol, entre otros- es un aspecto que tiene que ver más con variables asociadas al rendimiento.

-¿Cuál fue la reacción de los jugadores al verte llegar y cómo es el trato con ellos ahora?

Me imagino, porque ellos no me lo dijeron, que debe haber sido sorpresivo. Habían algunos que probablemente conocían a los psicólogos, otros que no, pero por lo menos fue de sorpresa el saber que había un psicólogo y qué podía venir a hacer, como de incertidumbre diría yo. Pero de inmediato fue muy buena la relación. De verdad siento que la relación con los jugadores es óptima y está toda circunscrita a un círculo de confianza que se construye. Las relaciones no son impuestas ni espontáneas sino que se construyen, entonces probablemente habían algunos al inicio bastante más reticentes a trabajar con el psicólogo; en primer lugar, porque pensaban que no estaban locos y, en segundo lugar, porque sentían que no era necesario. Hoy yo diría que la realidad es bastante distinta porque fueron tomando confianza, construyendo un vínculo.

- Por lo que señalas, al principio varios deben haber tenido cierto recelo o vergüenza de acercarse a conversar contigo.

Sí, algunos tenían reticencia. Es que los seres humanos frente a lo incierto reaccionamos así: cuando le muestras a una persona una realidad nueva la conoce, pero paulatinamente, con mucho recelo, y esto es lo mismo. Y los psicólogos en el fútbol no son tan habituales como debiesen serlo, entonces es muy natural esa reacción un poco a la defensiva, de ser muy reservados, muy introvertidos.

Por otra parte, acá hay una cuestión que es absolutamente fundamental, y que incide de manera directa en los resultados que yo puedo obtener en mi intervención, que es el interés y compromiso real que tenga el jugador por optimizar su rendimiento o, en su defecto, por resolver alguna problemática a nivel personal. Si no hay demanda del jugador, la verdad es que ninguna de las intervenciones que el psicólogo pueda hacer tiene eficacia.

- Precisamente, ¿cómo es el trabajo con los jugadores en la actualidad?

Como decía, al principio la gran mayoría de los jugadores del club tenía asociada la figura del psicólogo a los problemas, entonces no recurrían al psicólogo si no era única y exclusivamente porque los tenían. Uno de los grandes desafíos que en este tiempo hemos ido asumiendo también, tiene que ver con modificar el estereotipo y  el estigma del psicólogo que lo ha asociado a la locura, que es algo que sigue estando presente. Sin embargo, hoy en día la realidad es distinta porque han notado que el entrenamiento psicológico tiene incidencia directa en su rendimiento, y eso en el fondo genera que ellos me pidan asesoría, o que entrenemos alguna habilidad específica. 

En todo caso, yo jamás le he solicitado a un jugador que trabaje conmigo si él no quiere.

- ¿A qué crees que se debe que la figura del psicólogo en los clubes sea algo tan nuevo? 

Yo creo que hay dos fenómenos ahí. Primero, pienso que los clubes no consideraban a los psicólogos porque rompemos paradigmas, quebramos los esquemas, porque habitualmente tengo que romper las imágenes que hay del psicólogo y eso altera un sistema. Los sistemas siempre se resisten a los cambios, entonces era muy natural, por ejemplo, que los jugadores me recibieran con escepticismo. Yo sabía y sé que eso es así, pero también sé cuál es el trayecto a recorrer para que ese escepticismo se torne en confianza y se transforme en una relación de trabajo profesional, por eso la relación hoy es muy distinta. 

Ahora, sí hay algo que es responsabilidad absoluta de los psicólogos, y en esto quiero ser súper enfático, es que hay muchos psicólogos -pseudo psicólogos- que trabajan, no sé si en clubes deportivos, pero asesorando a deportistas y que tienen un nivel de especificidad mínimo, o sea no son psicólogos deportivos. Con eso lo único que hacen es desacreditar el medio, algo que ocurrió mucho durante los años 80’ por lo que costó harto que la gente creyera en los profesionales de esta área, confiaran en que efectivamente podían ser un aporte y que podían actuar de manera eficaz. 

- ¿Cuál crees que debiera ser el objetivo de los psicólogos en este nuevo escenario?

La tarea es lograr asociar lo que está o estaba en el pasado disociado que era la psicología y el fútbol, haciendo entender que van absolutamente de la mano. Además, la psicología estaba vinculada al azar y eso era responsabilidad de los psicólogos, entonces en la medida que nos incorporamos más especialistas en los clubes deportivos, generamos un impacto distinto porque también tenemos estrategias de trabajo diferentes. 

Asimismo, diría que el estigma del psicólogo cada vez ha ido mutando, entonces hoy día la dinámica es distinta a como era antes: por ejemplo, el entrenador tenía que ser más derivador, siendo él el que definía quiénes trabajaban con el psicólogo; sin embargo, actualmente es mucho más espontáneo y la demanda es mayor por parte de los jugadores.

- Así como la relación entre el psicólogo y el jugador se ha hecho más frecuente, también lo ha sido entre el psicólogo y el entrenador. ¿Cómo crees que se ha dado este nuevo contexto de trabajo, considerando que gran parte de la labor que ahora hacen los psicólogos antes era desarrollado por los técnicos -principalmente en el caso del plantel profesional- donde eran estos últimos los encargados de aconsejar y guiar a los jugadores?

Lo que pasa es que no habiendo un especialista, van a recurrir al entrenador. Pero hay muchos entrenadores que erróneamente piensan que ellos además debiesen cumplir el rol de psicólogos. Eso es tan errado como pensar que el psicólogo además debiese ser el entrenador. Son competencias absoluta y diametralmente distintas. 

Yo diría que los entrenadores que tienen formación profesional son los que más valoran el aporte del psicólogo, porque comprenden realmente los alcances que puede tener su trabajo.  Ahora, los entrenadores que quizás no tuvieron relación profesional o académica con un psicólogo, y recién cuando están trabajando se topan -porque no es muy habitual- con uno en algún equipo, puede que actúen quizás de forma más reticente, incluso en ocasiones invalidando la acción del psicólogo (…). En todo caso, es frecuente que eso ocurra, aunque no está para nada bien porque si hay algo que siempre hay que mantener es el respeto por las otras profesiones, y yo como psicólogo respeto mucho a los entrenadores. 

- ¿Qué percepción tienes en general de los entrenadores?

Creo que hacen un trabajo muy difícil; de hecho, está absolutamente medido que es uno de los trabajos más estresantes. Y en lo que compete a mi labor, lo único que yo espero de vuelta es respeto, nada más, no que adulen mi trabajo sino que me den el espacio, que me permitan trabajar tranquilo. Eso es algo que también se construye. 

- En relación a los técnicos con los que has compartido en Wanderers, es de imaginar que el trato que tenías con Humberto Zuccarelli era uno de los mejores.

Claro, porque él fue el que tenía la demanda. Con los otros pasa que ellos llegan y el psicólogo ya está en la estructura del club.

- A pesar de eso, ¿cómo ha sido la relación de trabajo con Jorge Garcés y Juan Manuel Llop?

La verdad es que la relación con todos los entrenadores podría decir que siempre ha sido muy buena. El respeto siempre ha estado presente. Ellos hacen su trabajo, yo hago el mío y bien. Como decía, con Humberto (Zuccarelli) quizás había alguna diferencia porque él demandó un psicólogo, por ende eso generaba que tenía más inquietudes que plantearme y eso propiciaba una comunicación súper fluida. 

- ¿Los últimos entrenadores con los que te ha tocado trabajar en la institución, estaban acostumbrados a tratar con psicólogos antes de llegar a Wanderers?

Jorge (Garcés) había trabajado con psicólogos antes en algunos equipos donde estuvo, me parece que O’Higgins era uno de ellos. Juan Manuel (Llop) no. Lo que pasa es que hay muchos clubes que tienen psicólogos en las series menores, pero no en el primer equipo. Por ejemplo, actualmente en equipos “grandes” de Chile eso es así, lo cual desde mi punto de vista es absolutamente erróneo, ya que el psicólogo debe estar presente también ahí. Lo anterior se debe a que muchas veces eso se deja a criterio del entrenador, y acá la diferencia que hay es que existe una política del club. Por eso yo estoy, porque es el club el que determina que el psicólogo trabaja con el primer equipo, no es algo que está sujeto a la opinión que tenga el técnico.

ÁREA PSICOLÓGICA DE SANTIAGO WANDERERS: UNA TAREA INCANSABLE  

- Desde un tiempo a esta parte, se han realizado una serie de charlas en el club orientadas al fútbol joven que tienen como objetivo principal el mostrarles a los componentes de las fuerzas básicas de la institución la importancia de representar a Santiago Wanderers. Cuéntanos un poco más acerca de esa iniciativa.

Tiene que ver con generar cierto nivel de identidad, o mayor nivel de identidad, y de compromiso también de los jugadores con Santiago Wanderers. Ese es uno de los valores trascendentales que hay que trabajar siempre, entonces en el fondo es una estrategia de modelado: ellos (los que dictaron las charlas) son modelos y por eso los ponemos ahí, por eso los invitamos a participar, porque son referentes. Así como hay jugadores del primer equipo que son referentes actualmente, tenemos referentes históricos y Elías Figueroa era uno, el muchacho de la barra que asistió también porque era un hincha acérrimo de Santiago Wanderers y es importante que ellos conozcan también el compromiso de los hinchas, que es algo que no ocurre en todos lados pero sí acá en Valparaíso, entonces es una realidad que ellos posiblemente desconocen y, teniéndola ahí, es responsabilidad de nosotros mostrársela. 

Asimismo, Gonzalo Serrano -pese a que quizás no cumple con la cualidad de modelo debido a que no se identifican tan de cerca con él porque es profesor de historia- sí les entrega un bagaje de información que ellos no tienen contemplado. Ahora si todo eso incide en el rendimiento, desde luego que incide y eso está súper medido. Entonces este tema de los valores tiene que ver con que ellos vayan en su carrera deportiva desarrollándose, no únicamente en función de ser mejores dentro de la cancha, sino que adquiriendo habilidades a otros niveles que les permitan también un mejor desarrollo posterior en la medida que no sean futbolistas.

- Sin embargo, las charlas es sólo una parte de algo mayor…

Esto se enmarca dentro de lo que vendría a ser un programa de educación en valores -donde nos abocamos a trabajar ciertos valores en específico con un grupo de jugadores- que también les permita vincularse de otra manera entre ellos; entonces cuando hablo de valores por ejemplo estoy hablando de la identidad, del compromiso con el club, la lealtad (…), los cuales hay que estimular en los jugadores. No obstante, si hay algo complejo de lograr es poder medir el impacto de la intervención que uno hace por lo que hay que insertarlo dentro de un programa, el que hoy día estamos diseñando como Área Psicológica y que eventualmente podríamos implementar a partir del segundo semestre o quizás desde el primer semestre del próximo año.

Lo que más interesaría ver es el impacto real que se tiene a nivel de los valores y eso hay que medirlo, lo cual requiere tiempo, además de diseño y aplicación de instrumentos. Ahora bien, ese programa de educación en valores sentaría las bases de algo que hoy no existe en este club y en Chile prácticamente tampoco; salvo en Universidad Católica, que probablemente sea el único equipo en el país que desarrolló algo al respecto con el programa “Campeones para Chile”, que también tenía una serie de valores asociado; es decir, no era únicamente generar buenos atletas.

- Volviendo a las charlas, ¿cuál crees que es la mayor ganancia obtenida de ellas?

La historia es algo que se construye en la medida que se transmite. Santiago Wanderers es historia y su historia está asociada a Valparaíso, de ahí que somos nosotros los responsables de mostrarles a nuestros jugadores qué significa eso. Entonces es súper importante que cuando hablamos de Santiago Wanderers, ellos tengan absolutamente claro cuál es el bagaje que hay detrás de estos años de trayectoria e historia, y por eso es tan importante estas actividades que pueden parecer anexas al entrenamiento pero que son absolutamente complementarias. Como decía, esto de lograr mayores niveles de identidad y compromiso con nuestros jugadores desde luego que incide en el rendimiento, eso está absolutamente comprobado.

Por otra parte, el tema es que actividades como éstas tienen que hacerse sistemáticamente. 

Probablemente tiene poco asidero el pensar, por ejemplo, que uno de los valores como la identificación con el club va a aumentar de manera significativa sólo por una o dos actividades que hagamos. Yo diría que eso es súper poco riguroso. Entonces la forma de hacerlo es sistematizar un programa permanente para un grupo de jugadores, porque desarrollar uno  para los casi 400 jugadores que hay es imposible. Lo que sí se puede hacer es generar una cultura del cambio dentro del club, aunque la experiencia también me dice que lo más eficiente es trabajar con un grupo específico que intentar producir un cambio en la cultura organizacional de un lugar. Pero hay que tratar de ir generando pequeños cambios e insertando ciertas estrategias de aprendizaje.

- A propósito del fútbol joven, ¿cuáles son los problemas más comunes que ves ahí?

Son en su gran mayoría los problemas que aquejan a los jóvenes en general. Yo diría que el tema de la separación de los padres es uno de los más complejos y más comunes a abordar. También el hecho de que muchos jugadores son de fuera de Valparaíso-Viña, entonces hay que ver cómo generar redes de apoyo a esos jugadores. Además, bastante déficit a nivel de las habilidades psicológicas específicas: cómo no hay un entrenamiento en habilidades psicológicas previo, son jugadores que tienen pocas herramientas hasta el minuto desarrolladas a ese nivel. 

En lo social, yo diría que lo más frecuente son disfunciones a nivel familiar, lo cual desde luego tiene como consecuencia a veces algunas conductas disruptivas, un poco más agresivas. Eso es lo que tiene que ver fuera del entorno deportivo. Y en el entorno deportivo, diría que las habilidades psicológicas en general son las que presentan más déficit, así como también es común enfrentarse a niveles de autoconfianza bajos.

- Justamente, el aspecto social debe ser un tema en el que se pone especial atención…

El entorno social es una cuestión bastante crítica porque habitualmente hay jugadores que se rodean de un entorno más complejo, más vulnerable socialmente, y eso es algo a considerar y a trabajar también; entonces hay que generar redes de apoyo con otras instituciones, hay que vincularse con la familia, por lo que es tremendamente importante el cómo nosotros logramos que ese muchacho -a pesar de las condiciones en las que vive actualmente- sea capaz de adquirir valores, valores que quizás él no vea donde está: en su barrio, en su sector, incluso en su propia familia. Por eso  tenemos que insertarlo acá, y eso es un desafío mayúsculo. 

- ¿Estos problemas que ves en el fútbol joven se proyectan luego al plantel profesional?

Sí, absolutamente. Un jugador que no resolvió alguna dificultad técnica cuando fue futbolista joven, seguiría con esa dificultad al pasar al primer equipo. Acá es lo mismo: un jugador que no manejaba bien la presión a los 17 o 18 años, es más, llegando al plantel profesional eso se va a exacerbar y los niveles de depresión son mayores. Entonces los problemas no se solucionan mágicamente, por lo que un jugador que no resolvió ciertas carencias a nivel afectivo, emocional o psicológico durante su carrera deportiva en el fútbol joven, no lo va a hacer en el primer equipo a menos que se trabaje específicamente.

- Con anterioridad hablabas de la intervención indirecta. Pues bien, ¿en qué consisten las herramientas que utilizas de forma directa con los jugadores mayores?

Son herramientas de evaluación. En primera instancia, evalúo a los jugadores de manera global, contemplando aspectos de la personalidad y otros relacionados con el rendimiento, y en función de esa evaluación se determinan cuáles son las necesidades a abordar; luego, hay estrategias de intervención y ahí es cuando aparecen los papás con los entrenadores. Otra de las estrategias son entrenamientos en cancha. Yo trabajo mucho con ellos ahí, evaluando in situ.

La idea es que sean conscientes de todas sus limitaciones y de todas sus potencialidades, y que en función de eso puedan insertarse en un proceso de aprendizaje y desarrollo. Eso se logra en gran parte con la adquisición de técnicas, que son específicas para manejar la presión, controlar la activación y regular los focos atencionales. Todo eso se trabaja conmigo de forma individual. 

- ¿Específicamente cómo es el trabajo con ellos, por ejemplo en qué momento los atiendes?

Habitualmente en las tardes. En Mantagua no intervengo directamente con ellos o muy poco. Lo que hago allá es evaluar o medir el impacto de lo que trabajamos en las tardes a nivel individual. 

Por ejemplo si se está trabajando la concentración, eso se traduce en una cantidad de balones perdidos o acertados, entonces lo que hago ahí es medir el impacto de la estrategia que estoy utilizando con ellos. Yo no evalúo intuitivamente, sino que lo hago por medio de la aplicación permanente de test y cuestionarios en Mantagua.

- A modo de conclusión, y por el tiempo que llevas trabajando en el club, ¿cuál crees que es la importancia de Santiago Wanderers como ente social?

El rol del club es absolutamente fundamental. Santiago Wanderers tiene un impacto en el ánimo de los porteños; de hecho, los lunes cambian cuando el equipo gana el fin de semana, se venden más diarios. Tiene una responsabilidad social altísima, genera un nivel de identificación y de adhesión mayor al que generan muchos otros clubes; entonces la historia de esta institución está asociada a la historia de Valparaíso, a la historia del puerto, a la historia de la gente que camina por las calles, y eso en el fondo nos pone en un sitial de responsabilidad muy alto. Difícilmente hay clubes que tienen un nivel de impacto tan alto o que estén tan fuertemente asociados a una ciudad como Santiago Wanderers con Valparaíso.

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